Psicoterapia corporal y vincular
para personas que desean fortalecer autoestima y relaciones

Calmando a mi juez interior

Calmando a mi juez interior

Tenía un deseo enorme, pero cada vez que lo quería intentar e ir tras él, una voz dentro mío me decía «no creo que puedas, no te has especializado lo suficiente, hay mucha competencia, mucha gente inició antes que tú, no vale la pena…». Y le hacía caso y me detenía. Dejaba mi deseo de lado y seguía con mi vida, pero luego mi deseo volvía. Y ahora lo intentaba un rato, pero luego otra vez aparecía esa voz dura y exigente, me decía que no valía la pena… agregando «qué dirían los que me conocen?» y así, se instalaba en mí un ciclo vicioso con idas y vueltas y con enorme desgaste. Te ha pasado algo similar?

En algún punto de mi vida me di cuenta de que había un juez dentro mío muy perfeccionista e implacable. Esto me sucedió puntualmente en una sesión con mi grupo de acompañamiento e indagación, cuando yo expuse un tema que me agobiaba en ese momento y mi terapeuta de Biografía Humana me nombró «te das cuenta de que los comentarios que haces de ti misma y de tu experiencia son durísimos y con enorme carga emocional negativa? has notado que hay un juez interno muy exigente dentro de tí?» Ups. No. No lo había notado. Porque así nos pasa a las personas. Mantenemos diálogos internos que, al estar una tan acostumbrados a ellos, ya no los cuestionamos y creemos que así debe ser la vida o simplemente pasamos de largo.

Pero es lo rico de la psicoterapia: que haya alguien «afuera» que vea objetivamente lo que me pasa, alguien con una preparación personal y profesional que tiene herramientas para acompañarme; alguien que no está hecha bolas como yo, enredada con todas mis emociones, y me pueda dar una retroalimentación o hacerme preguntas que me dejan pensando y cuestionando mis formas actuales de pensar, de decidir, de relacionarme, etc. Alguien que me mira SIN JUICIOS y me ayuda a aprender a mirarme igual, sin juicios, CON COMPASIÓN.

Muchos de nosotros hemos crecido en ambientes con nuestros padres donde la crítica, el juicio y el castigo eran moneda corriente y sucede que eso lo internalizamos, o sea, lo absorbemos como algo normal y después nosotros mismos, sin necesidad de que nuestros padres estén presentes, nos tratamos de la misma manera. Aunque ya seamos adultos… aunque hace mucho nos hayamos ido de nuestra casa de origen. Lo interesante hoy es que si ya nos dimos cuenta, comencemos un camino de regreso, de reaprendizaje donde paso a pasito vayamos sintiéndonos cómodos al tratarnos con paciencia, con comprensión, con compasión y sin juicios.

Aquí algunos tips que te ayudarán:

  • Para un momento y pon atención a tu diálogo interno y revisa: es amable? te anima a ir por tus deseos? te apoya para que busques soluciones? te dice «tú puedes»? O por el contrario, es regañona? te critica? te desanima?
  • Algo muy importante: no necesitamos establecer una guerra con ese juez interno, porque la cosa se pondrá peor, creéme!
  • En su lugar, podemos hacer una pausa consciente: cuando te caches en un momento de esos donde tu juez anda implacable prueba a mirarlo con curiosidad. Puedes decirle «ok amigo, a ver, de qué me quieres proteger? qué es lo que en el fondo deseas?». Y espera, escucha qué tiene para decirte.
  • Incluso, a tu juez interno puedes ponerle un nombre chistoso que te ayudaría a bajarle la intensidad emocional que te produce, que te haga cercano a él y te relaje un poco. No necesitamos tomarlo tan en serio y sí amigarnos de él para que poco a poco se vaya flexibilizando.
  • Si tienes algún compañero animal, como un perro por ejemplo, sabrás lo que es llegar a casa y ver cómo brinca de alegría al verte. Nuestro amigo peludo no nos juzga, no nos critica, no le importa qué títulos tenemos ni cómo andamos vestidos, ni si llegamos tarde… lo único que le importa es que llegaste; lo único que le importa es tu persona. Así mero es como queremos llegar a vernos, así de amorosos y cercanos a nosotros mismos… como nuestro amigo de cuatro patas : )
  • Date chance. No necesitas ser perfecto, no necesitas hacer todo excelentemente bien, nadie lo hace, es un imposible. Es lindo buscar la calidad y excelencia, pero para ello también podemos ir poco a poco, a prueba y error, felicitarnos por haberlo intentado aunque no haya salido como queríamos. Somos humanos, no robots. Y en el fondo, tal vez tu temor más grande es no ser amado si no lo haces perfecto. Puedes ir soltando eso también. Mereces ser amado así como eres, un ser humano lleno de luces y sombras.

Cuéntame si pones en práctica alguno de estos tips! Me encantará leerte.

Un abrazo y hasta pronto!

Adriana Solis